Obispo Jesús Castro: “Se podrá cumplir la Quinta Palabra cuando se erradique la corrupción”

Obispo Jesús Castro: “Se podrá cumplir la Quinta Palabra cuando se erradique la corrupción”

  • El obispo de La Altagracia analizó la frase de Jesús “Tengo sed”

SANTO DOMINGO, RD.- El obispo de la Diócesis Nuestra Señora de la Altagracia, monseñor Jesús Castro, proclamó este viernes que sólo cuando se erradique la cultura de la corrupción política en el país, el borrón y cuenta nueva, los encubrimientos de los actos de corrupción de un gobierno a otro y el robo sistemático del erario por políticos sin escrúpulos, podría comenzar a cumplirse la palabra pronunciada por Jesús en la cruz: “Tengo sed”.

Asimismo, emplazó al presidente Luis Abinader a ejecutar una reforma integral de la Policía Nacional, tras indicar que se trata de una institución en donde se anida estructuras mafiosas y criminales al servicio de los intereses más oscuros de la sociedad dominicana.

Habló en estos términos, al referirse a la muerte de la pareja de esposos Joel Díaz y Elizabeth Muñoz a manos de una patrulla de la institución al retornar de un servicio cristiano en Villa Altagracia.

“Esto nos ha consternado e indignado, pero no puede quedar ahí, la reforma integral policial no se puede seguir postergándose, ni puede quedarse en un tema de discurso y promesa política. Sr. Presidente, usted tiene la responsabilidad histórica de transformar esa institución, en donde se anidan estructuras mafiosas y criminales al servicio de los intereses más oscuros de nuestra sociedad”, sentenció Castro Marte.

El obispo de La Altagracia, también se refirió en forma enfática al tema del aborto para llamar a los legisladores y al Poder Ejecutivo para que tengan la fuerza necesaria al momento de defender el valor de la vida, tras señalar que hay grupos que pretenden que las actuales autoridades legislen en contra de la vida y a favor de la muerte, para permitir el aborto en tres causales.

“Aquellos legisladores que legislen en contra de la vida y a favor de la muerte de vidas inocentes, les recordamos, que luego no podrán lavarse las manos como Pilato y el bien siempre triunfa sobre el mal”, advirtió.

Quinta palabra: Tengo sed

“Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura dijo: Tengo sed. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca” (Juan 19, 28).

Esta palabra de Jesús —tengo sed— sigue resonando en nuestros oídos con el mismo ímpetu con que fue pronunciada por el Cordero inocente desde aquel lugar de padecimientos y dolores. Es el Siervo de Yahvé que anunciará la salvación, que será luz para las naciones, que se ofrecerá él mismo a la muerte para salvar a todos y que finalmente será glorificado por Dios, cumpliendo así una función intercesora por toda la humanidad.

Es el mismo de quien las Escrituras habían dicho “que sería llevado como oveja al matadero, sin abrir la boca para quejarse y entregaría su vida por todos nosotros”.

Jesús desconocido, abandonado y crucificado tiene sed. Es una sed espantosa. Ha tenido que soportar el tormento de la flagelación y la crucifixión y no ha comido ni bebido nada desde la noche anterior. La pérdida de sangre produce sed.

El que había invitado al pueblo de Israel: “Si alguno tiene sed que venga a mí y beba” y le había dicho a la mujer samaritana: “El que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para la vida eterna” (Jn 4,10.14), es el mismo que grita desde la cruz: tengo sed.

Pero no se trata simplemente de una sed fisiológica, la clave para entender la naturaleza de la sed de Jesús crucificado se encuentra en el mismo relato de la samaritana, pues, sucede que, cuando la mujer se interesa por aquella agua que le había ofrecido, a Jesús se le pasa su sed.

Saciaremos la sed de Cristo si nosotros respondemos como la samaritana.; si nosotros en primer lugar, arrepentidos de nuestros pecados, nos acercamos a su Corazón para beber de él; si somos sensibles con el hermano necesitado.

Saciaremos la sed de Jesús cuando se erradique la cultura de la corrupción política en nuestro país, que les ha robado por generaciones, principalmente a los más pobres, educación de calidad y salud digna. Como he expresado en ocasiones anteriores “es una lacra que está destruyendo la sociedad de República Dominicana, y favorece el crecimiento del narcotráfico, y del mal manejo del patrimonio que hemos creado.” No puede seguir teniendo vigencia la malsana práctica del “borrón y cuenta nueva”, en donde se encubren los actos de corrupción de un gobierno a otro, pues como denunciaron los obispos dominicanos “el robo sistemático del erario por políticos sin escrúpulos y empresarios aprovechados, que exhiben grandes fortunas adquiridas sin sacrificio alguno y de manera impune, es uno de los grandes atentados contra el pueblo dominicano”.

Saciaremos la sed de Jesús cuando exista una administración sana de la justicia, que los gobiernos de turnos han secuestrado para garantizarse impunidad colocando sus cuadros políticos en las instituciones que la aplican, donde también la corrupción tiene su espacio, “sea porque los procesos están viciados desde su raíz o porque algunos jueces se han quitado la venda de los ojos para ver según su conveniencia a quién aplicarla” (cf. Mensaje de los Obispos, 27 de febrero 2018).

Saciaremos la sed de Jesús cuando no tengamos que volver a presenciar como sociedad un crimen tan horrendo y abominable como el llevado por la Policía Nacional que le sesgó la vida a Joel Díaz y Elizabeth Muñoz cuando regresaban de predicar el Evangelio y llevar palabras de vida eterna a otros hermanos en la fe cristiana. Esto nos ha consternado e indignado, pero no puede quedar ahí, la reforma integral policial no se puede seguir postergándose, ni puede quedarse en un tema de discurso y promesa política. Sr. Presidente, usted tiene la responsabilidad histórica de transformar esa institución, en donde se anidan estructuras mafiosas y criminales al servicio de los intereses más oscuros de nuestra sociedad.

Jesús grita desde la cruz: tengo sed, luego inclina la cabeza y entrega el espíritu, confirmando su muerte un soldado romano. Que mensaje tan contundente sigue siendo el de Jesús crucificado para un mundo que aprueba la muerte al inocente. Todo cristiano debe encontrar aquí la fuerza necesaria para defender el valor de la vida desde la concepción hasta la muerte, en un momento en que los legisladores y el Poder Ejecutivo reciben fuertes presiones de poderes externos para legislar en contra de la vida. Jesús siendo inocente fue condenado como un criminal por las autoridades de ese entonces. De igual forma, grupos pretenden que las actuales autoridades condenen a muerte a vidas inocentes al permitir el aborto en tres causales. A aquellos legisladores que legislen en contra de la vida y a favor de la muerte de vidas inocentes, les recordamos, que luego no podrán lavarse las manos como Pilato y el bien siempre triunfa sobre el mal.

Señor danos hambre y sed de justicia, de amor, de misericordia, de perdón y unidad. Que siempre tengamos sed de ti Señor “Como busca la cierva corriente de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo” (S 42,2s). “¡Oh Dios! Mi alma está sedienta de Ti, como tierra reseca, agostada, sin agua” (S 63,2).

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