Pandemia y separación de parejas

Pandemia y separación de parejas

Celedonio Jiménez

El contexto de pandemia ha influido en el orden social de muchas maneras, y una de ellas ha sido en el debilitamiento de nuestra cohesión familiar, situación vinculada al incremento en la separación de parejas maritales.

Según indagaciones de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), durante los primeros meses del año 2019 hubo más separaciones de relaciones matrimoniales que durante el mismo período durante el año 2020, en que tuvimos uno de los peores momentos de la pandemia. Pero esto no significa una real disminución de las separaciones durante la pandemia.

Más bien, tenemos la hipótesis de que la agravación de las condiciones económicas en esos momentos, las dificultades en los trámites legales correspondientes y en la movilidad física de los interesados, explican que se registrara la señalada disminución.

En la actualidad, la mayoría de nuestras sociedades viven un preocupante malestar, el cual encuentra una de sus manifestaciones en la disolución de las parejas maritales, a veces muy rápidamente.

Ese malestar se relaciona con los límites que se dan para regular las relaciones humanas en las familias y en las parejas.

La pandemia ha incidido sobre unas relaciones de por sí problemáticas, en una gran proporción de casos, y ha influido en la medida en que ha impuesto un marco donde se hacen más viables las contrariedades debido a lo estrecho y lo continuo de los contactos entre los integrantes de la pareja, sin que hubiera mucha oportunidad para intercalar esos contactos con las actividades laborales, con momentos individuales libres y con intercambios con las amistades.

Un factor que impacta en la rápida ruptura de la pareja, y que no necesariamente está vinculado a la coyuntura del Covid-19, lo constituye la tendencia creciente en la sociedad a que todo fluya y cambie con rapidez, lo que de alguna forma atenta contra la lealtad y la constancia.

Las dificultades en nuestra relación de parejas trascienden al contexto de Covid-19, aunque se puede aceptar que éste ha contribuido a su incremento.

Pero nuestros altos índices de separaciones y divorcios legales vienen desde antes.

Se puede decir que el problema de la ruptura en la relación de pareja permite ver esta cuestión como parte de lo que se denominó entidades “agónicas”, o lo que el sociólogo Ulrich Beck llamó instituciones “zombis”, es decir, instituciones que son “muertos vivos”.

Este serio malestar al que hemos hecho referencia, encuentra uno de sus orígenes en la vieja creencia y práctica, por demás equivocada, sobre la superioridad y dominio del hombre sobre la mujer. Se necesita en la actualidad, en covid o fuera de él, un sacudimiento de las conciencias.

Se impone un cambio, una mayor comprensión, solidaridad y comunicación entre la pareja, a los fines de establecer lazos de unión fuertes en la misma, condición que es uno de los puntos de partida para la cohesión de la familia y de sociedad.

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