Un Brasil crispado y dividido se juega su futuro de cara a las elecciones del próximo domingo

Un Brasil crispado y dividido se juega su futuro de cara a las elecciones del próximo domingo

BRASILIA.- Brasil celebrará el próximo domingo la primera vuelta de las elecciones presidenciales que convocarán a unos 147,3 millones de electores en medio de un clima político tenso y con las preferencias divididas entre el candidato de derecha Jair Bolsonaro y el progresista Fernando Haddad.

En las votaciones también se renovará dos terceras partes del Senado y escogerán los miembros de la Cámara baja, así como a los gobernadores y representantes legislativos de los 27 estados del país. Para los comicios del domingo, se postularon 29.101 aspirantes para alguna de las plazas de elección popular, un 10 % más que en 2014, de acuerdo con el Tribunal Superior Electoral (TSE). Pero toda la atención está centrada en la polarización y la radicalización con la que el país llega a las elecciones presidenciales, en las que los dos favoritos a avanzar a la segunda vuelta representan claramente la derecha y la izquierda. Bolsonaro encarna los ideales más conservadores de la sociedad y la marca de “orden” que impuso con mano dura la dictadura que imperó entre 1964 y 1985, y Haddad simboliza la sensibilidad social que prevaleció durante la gestión de Luiz Inácio Lula da Silva, hoy en la cárcel por la corrupción que se desató mientras estuvo en el poder.

Las encuestas coinciden en que ambos concentran el favoritismo de un electorado dividido entre dos modelos de país, pero ninguno de ellos superará el 50% de los votos en las elecciones del próximo domingo, por lo que será necesaria una incierta segunda vuelta, prevista para el 28 de octubre.

El apoyo a uno o a otro, sin embargo, pasa más por el rechazo que por la aprobación y los analistas consideran que en estas elecciones se impondrá el voto “en contra”, sea contra la línea “con mano militar” que ofrece Bolsonaro, o contra la corrupción que ha manchado la gestión de Lula y al Partido de los Trabajadores (PT), que representa Haddad.

Fuera de los dos favoritos se encuentra otra decena de candidatos, pero las encuestas no contemplan la posibilidad de que alguno de ellos pase a la segunda vuelta, aunque las posiciones que adopten después puedan esconder la clave de lo que sucederá el día 28 de octubre. Bolsonaro, capitán de la reserva del Ejército, está en la carrera presidencial desde hace casi un año, pero sus actividades fueron interrumpidas violentamente el pasado 6 de septiembre, cuando un hombre que dijo estar “asustado” por sus radicales propuestas de campaña le propinó una puñalada en medio de un acto de campaña.

El cuchillo le causó heridas en el sistema digestivo que lo mantuvieron hospitalizado hasta el pasado sábado, pero desde el hospital y su casa mantuvo el contacto con sus seguidores por las redes sociales, en las que ha mantenido una campaña que no se sabe si retomará para la segunda vuelta, porque seguirá con su recuperación en su domicilio.

Conocido por sus declaraciones machistas, racistas, homofóbicas y xenofóbicas, Bolsonaro moderó su tradicional tono desde el hospital, pero su punzante discurso se mantuvo en las calles por el general de la reserva, Hamilton Mourao, su compañero en una fórmula militar e inédita en la democracia que Brasil recuperó en 1985. El general reforzó las ideas del capitán en el sentido de que si esa propuesta “nostálgica” de la dictadura llega al poder entregará la economía al mercado y promoverá una total liberación de la venta de armas a los civiles, entre otras polémicas promesas electorales.

En la vereda opuesta, Haddad propone recuperar la prioridad de lo social y desmantelar las reformas de corte liberal que durante los últimos dos años impuso el presidente Michel Temer, que asumió el poder en 2016 tras la destitución de Dilma Rousseff que, tal y como el actual candidato del PT, era validada por Lula. “Podemos hacer a Brasil feliz de nuevo”, repite en su campaña el candidato de Lula, quien desde la cárcel sigue marcando el ritmo del PT, un partido que tiene altos índices de rechazo, al igual que Bolsonaro.

Uno de los problemas de Haddad es que llegó tarde a la campaña, pues sólo fue confirmado como abanderado del PT hace cuatro semanas, cuando el tribunal electoral vetó a Lula como candidato por su situación jurídica. Hasta entonces, los sondeos decían que el ex Presidente mantenía cerca del 40% de las preferencias, pero esa racha todavía no le ha llegado a Haddad, un respetado intelectual que ha tenido muy poco contacto con las multitudes en su vida pública. De acuerdo a las últimas encuestas, el candidato de derecha tiene una intención de voto cercana al 28%, por su parte a Haddad se le atribuye un 22%, pero con una fuerte tendencia al alza. En tercer lugar se sitúa el laborista Ciro Gomes (11%), seguido por el socialdemócrata Geraldo Alckmin (10%) y la ecologista Marina Silva (5%), que hasta ahora fracasaron en sus intentos de ofrecer una “tercera opción”. Aún así, frente a tendencias que parecen claramente definidas, en las decisiones que Gomes, Alckmin y Silva tomen después del domingo se pueden jugar unas elecciones consideradas las más imprevisibles que Brasil ha visto desde que recuperó la democracia.

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